Si el suelo es bueno, el rendimiento es bueno. Esta es una ley eterna de la agricultura que los propietarios de tierras conocen muy bien. Las plantas necesitan los nutrientes del suelo para poder crecer. Si el suelo está agotado, la cosecha será pobre. «Somos responsables de esta tierra y tenemos que hacer frente a las nuevas condiciones climáticas», afirma Hans Jörg Damm, director de la finca y de la explotación forestal de Wilfersdorf. Por un lado, tenemos lluvias torrenciales cada vez más frecuentes, que arrastran los nutrientes del suelo y hacen que los campos sean cada vez menos fértiles. Por otro lado, tenemos también los largos periodos de sequía que sufre la agricultura. «Se trata de mantener el agua y los nutrientes en el suelo», dice Damm, y hay una estrategia clara para conseguir ambas cosas. «Un objetivo es mantener nuestros campos verdes todo el año». Porque verde significa, por un lado, que las numerosas raíces finas de las plantas consiguen que el suelo sea capaz de absorber el agua, especialmente durante las fuertes lluvias; pero verde significa también que el suelo está mejor protegido de la desecación en épocas de sequía.
Josef Stumvoll, maestro bodeguero de la Hofkellerei Liechtenstein, situada a pocos minutos en coche de la finca, opina de forma parecida. No pone el foco en la tierra cultivada, sino en las franjas verdes entre las vides, conocidas como calles de paso, que en los viñedos de los alrededores suelen ser solamente tierra marrón yerma. Cuando cae un aguacero, se convierten en torrentes. «Eso arrastra todos los minerales y nutrientes del suelo, y es algo que queremos evitar porque perjudica a la cosecha de uva y, en última instancia, al vino», dice Stumvoll. Él ha tomado un camino diferente en la Hofkellerei, pues se pueden establecer paralelismos entre la función de los nutrientes y minerales del suelo y el efecto de las vitaminas en el organismo. «La agricultura regenerativa también ha llegado a la viticultura», afirma Stumvoll.
Lo que aporta la biodiversidad
La agricultura regenerativa implica nuevas estrategias para tratar el suelo. «Favorecemos la presencia de lombrices de tierra, por ejemplo», explican tanto Hans Jörg Damm como Josef Stumvoll, ya que las lombrices son un indicador de un suelo sano. Para hacer realidad este enfoque, en la finca de Wilfersdorf se aplican una serie de medidas innovadoras. En primer lugar, se trabaja de la forma más respetuosa posible con el suelo y no se utilizan arados. «Cultivamos sin arar para preservar la estructura del suelo», afirma Damm.
En segundo lugar, las rotaciones naturales de los cultivos se han ampliado en los últimos años por razones fitosanitarias y se han planificado con años de antelación. La colza, el trigo de invierno, la cebada, el girasol, la remolacha azucarera y el trigo candeal se siembran en rotación porque estos cultivos necesitan nutrientes diferentes y así se mantiene la calidad del suelo de forma natural, es decir, el contenido de fósforo, potasio y magnesio y el valor pH. «Medimos continuamente estos valores y podemos equilibrarlos con fertilizantes minerales si es necesario», explica Damm.
Y en tercer lugar, en la finca de Wilfersdorf se fomenta la biodiversidad en el marco de diferentes proyectos. Hasta un 18 % de la superficie agrícola se destina a áreas naturales y ornitológicas protegidas, franjas de biodiversidad, setos, campos silvestres, bancos de escarabajos y biotopos húmedos. «Esto convierte la finca en una absoluta excepción pionera en Austria», afirma Damm con orgullo. El biólogo alemán especializado en fauna silvestre Daniel Hoffmann apoya al equipo como asesor. «La biodiversidad garantiza que los ecosistemas seguirán funcionando», afirma Hoffmann, y eso es necesario para mantener la funcionalidad del suelo y, por tanto, la producción de alimentos para el ser humano.
La lombriz de tierra como indicador
¿Y qué es lo que se hace en la finca de Wilfersdorf de forma diferente a la mayoría de las explotaciones agrícolas de la zona? Han plantado 6000 metros lineales de setos, compuestos por frutales silvestres y arbustos de flor resistentes al calor, a cuya sombra se sienten a gusto tanto los insectos como los pájaros. «Las tarabillas norteñas son aves que anidan en el suelo y que prácticamente han desaparecido de la zona del Weinviertel. Pero ahora vuelven a establecerse allí», informa Hoffmann y añade que la población de alondras también ha aumentado un 50 % en los campos libres. Y como los setos se plantaron a lo largo de las antiguas acequias, también sirven como medida de protección frente a la sequía», añade Hans Jörg Damm.
ZONAS DE REPOSO EN LOS CAMPOS
Los llamados beetle-banks, es decir, taludes destinados a insectos o escarabajos, también son una innovación en la región. Se trata de estructuras en forma de colina situadas en medio de los campos que ofrecen grandes ventajas a los insectos que invernan en el suelo, como las abejas silvestres y las hormigas, sin los cuales no sería posible la polinización de algunas especies vegetales. Son hábitats inalterados que los insectos necesitan para reproducirse. «Son secos y también ofrecen protección frente al viento», explica Hoffmann. Estas zonas de reposo también atraen a muchos otros animales. Hoffmann ha avistado en ellas un número creciente de cervatillos, perdices, faisanes y liebres. «Los beetle-banks son zonas de reposo buscadas por muchas especies animales», afirma. Además: «Basta con destinar a estos bancos solo entre el uno y el tres por ciento de la superficie de cultivo total para aumentar la biodiversidad», explica Hoffmann y espera que el ejemplo de Wilfersdorf haga escuela en la región.
La Hofkellerei ya tenido cierta repercusión como modelo a seguir entre los viticultores de la región. Las franjas verdes entre las vides han demostrado ser muy ventajosas durante las fuertes lluvias. «Las raíces de las distintas hierbas y plantas de las calles de paso actúan como un sistema de drenaje y conducen el agua hacia el interior del suelo», informa Stumvoll. Pero, por desgracia, no se puede prescindir por completo del uso del tractor. «Intentamos reducir al mínimo el número de trayectos y circulamos siempre exactamente por la misma franja», puntualiza Stumvoll. Los insectos y las lombrices parecen entenderlo, pues se instalan en la zona entre las rodadas, es decir, allí donde los gruesos neumáticos del tractor no apisonan el terreno. En última instancia, dice Stumvoll, estos insectos también son responsables de la descomposición del suelo, es decir, de la disgregación de los restos vegetales que constituyen el contenido de nutrientes del suelo. Y ese es el criterio decisivo para conseguir un buen vino.
La vida entre las vides
Por lo que respecta al reverdecimiento de las calles de paso, Stumvoll y su equipo están llevando a cabo actualmente un trabajo pionero. En invierno emplean cuatro o cinco especies vegetales juntas, principalmente leguminosas. «Así aseguramos el contenido de nitrógeno del suelo, que necesitaremos luego para el inicio de la temporada en primavera», explica Stumvoll. En verano mezclan plantas de raíces poco profundas, vezas, tréboles y plantas aromáticas. «Experimentamos para encontrar la combinación óptima», dice Stumvoll, porque nunca hay dos suelos iguales. Y la climatología también es diferente cada año.
Conclusión: cualquiera que practique la agricultura regenerativa, como se hace en las fincas y en la Hofkellerei Liechtenstein, debe entender el cielo y la tierra. Y eso es especialmente cierto en tiempos de cambio climático, desafío que en Wilfersdorf se está abordando con soluciones creativas.
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